Perdida en la traducción

"Lost in translation", la película de 2003, con Bill Murray y Scarlett Johansson, resume una parte de lo que te pasa en Tokio.


Perdidos entre mucha gente, perdidos en esa ciudad enorme.

Después de comprar los pasajes, y hasta ayer, aunque puede ser que hoy vuelva a pasar, la pregunta más frecuente después de mi viaje a un pedacito de Japón es:

- ¿Y cómo te hacías entender?
- Señas y reverencias.

Y no fue mucho más que eso. 

Los nervios que tenía antes de viajar desaparecieron. No había otra opción.

Traté de aprender unas pocas palabras o frases de supervivencia y de buenos modales (lo que siempre hago antes de viajar a algún lugar con idioma o formas desconocidas) para no ser tan áspera en los bordes pero, finalmente, no pasé del 'Hello, konnichiwa' a la señorita en migraciones.


Después fue una sucesión de instinto y sonrisas.

Y así sobreviví mi semana en Tokio.

- ¿Y cómo te hacías entender?
- Señas y reverencias.

Al tercer día ya me reía sola. 

Sabía que no tocan los billetes cuando estás por pagar, así que colocaba la plata en la bandejita y una sonrisa. 

Sabía que entregan el vuelto o lo que sea con ambas manos y así lo recibía y una sonrisa.

Señalaba en el menú o compraba en alguna de las millones de máquinas automáticas que hay en cualquiera de los lugares que se te pueda ocurrir. Y si no se te ocurre, también hay.


Y le sonreía a la máquina porque es simpática.

- ¿Y cómo te hacías entender?
- Señas y reverencias.

Entré a varios konbini porque es la forma más extendida y 'conveniente' de comprar en la capital. 

Acá, a la sonrisa, sumaba la importante palabra:

- SUICA.

Y eso explicaba todo. Y reverencia y sonrisa al salir.


Fui a cenar pizza con un grupo de desconocidos hispano-parlantes. La vida los llevó a Tokio por trabajo, estudio, elección. Al fin pude hablar con alguien que no era yo. Me enseñaron a pedir cerveza. Y a pedir un chop de cerveza. En japonés. 

- ¿Y cómo te hacías entender?
- Señas y reverencias.

Aprendés un nuevo idioma sin hacer mucho esfuerzo. Son amables y serviciales.

Es todo un caos, te bombardean las luces y los carteles y la música y los cantitos. Es todo un orden.


Irasshaimase. Mil veces, en todos lados.

Soy más alta y más ancha que la media japonesa. Entraba con justeza en los lugares y las rodillas me daban en la pera. Y me reía sola.

- ¿Y cómo te hacías entender?
- Señas y reverencias.

Tengo que empezar a pensar en mi próximo viaje a Japón. Porque hace falta.


バイバイ(bye-bye)

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